«Me han ofrecido un depósito flexible a buen precio y quiero meterle UAN. ¿Me vale?» Es la pregunta que más nos llega, y la respuesta corta es que el depósito, por sí solo, no decide nada: decide el tejido. Un flexible es una lámina técnica que confina el líquido; lo que determina si admite tu fertilizante son las propiedades de esa lámina frente a la química concreta del producto. Por eso esta guía enumera las familias de fertilizante líquido más habituales —UAN-32, NAC, ATS, soluciones NPK y suspensiones—, explica qué propiedad manda en cada caso y dónde están los límites. Y por eso también deja algo claro desde el principio: la confirmación vinculante es por producto y a partir de tu ficha técnica, no una tabla genérica. Aquí te damos el marco para que la conversación con nosotros empiece ya resuelta la mitad.
Qué decide la compatibilidad: no es el depósito, es el tejido
Todos los depósitos flexibles se parecen por fuera, pero no todos llevan el mismo tejido, y ahí está la diferencia. Los dos materiales de base son el poliéster recubierto de PVC y el poliuretano (PU); cada recubrimiento tiene un comportamiento distinto frente a las soluciones nitrogenadas, que son químicamente más agresivas que el agua. En nuestra gama FERTI+, el tejido de referencia para fertilizante líquido es el FERTi1300: 100 % poliéster, recubrimiento de PVC de 1.300 g/m², protección anti-UV a doble cara y un rango de servicio de −30 a +70 °C. Está seleccionado precisamente por su resistencia a este tipo de soluciones, no es un tejido genérico de agua reutilizado.
Dicho esto, el tejido es condición necesaria, no suficiente. Lo que decide si un fertilizante concreto es apto se reduce a cuatro propiedades del producto:
- Corrosividad y pH: cómo de agresiva es la solución frente al recubrimiento. Es lo primero que se comprueba y lo que más varía entre familias.
- Densidad: cuánto pesa realmente el líquido, que casi nunca es lo mismo que el agua y que condiciona el dimensionado (lo vemos más abajo).
- Punto de cristalización: la temperatura a la que el producto empieza a «salar», que no es la misma que el rango del tejido.
- Sólidos en suspensión: si el producto sedimenta, el problema deja de ser químico y pasa a ser de manejo.
Cuando esas cuatro casan con el tejido, tienes un depósito compatible. Si tienes dudas sobre cuál es tu caso, el punto de partida comercial es el depósito flexible para fertilizante y abono líquido de la gama, donde confirmamos la compatibilidad del tejido antes de presupuestar.
Las familias de fertilizante líquido y qué implica cada una
Cada familia de fertilizante líquido plantea una exigencia distinta al almacenamiento. Esta tabla es orientativa y por familia de producto, para situar cada solución; no es una tabla de compatibilidad química certificada producto a producto.
| Solución | Qué es | Densidad orientativa | Qué hay que vigilar al almacenarla |
|---|---|---|---|
| UAN-32 | Solución de urea y nitrato amónico al 32 % N (también llamada N-32) | ≈ 1,32 t/m³ | Corrosividad y, sobre todo, cristalización con frío; es la solución nitrogenada más habitual |
| NAC | Nitrato amónico cálcico en solución | Según ficha del producto | pH y corrosividad; confirmar el grado concreto con su ficha técnica |
| ATS | Tiosulfato amónico, aporte de azufre | Según ficha del producto | Compatibilidad del recubrimiento con soluciones de azufre; consúltenos con la ficha |
| Soluciones NPK claras | Formulados líquidos sin sólidos en suspensión | Según formulación | Varía mucho con la fórmula; se decide con la ficha técnica |
| Suspensiones (NPK en suspensión) | Formulados con partículas en suspensión | Según formulación | Sedimentación: aquí manda el manejo (vaciado, agitación, trasiego) más que la química |
Donde no tenemos un dato defendible para tu producto concreto, la respuesta honesta es consúltenos con la ficha técnica: preferimos confirmarlo a rellenar el hueco con una cifra que no podemos sostener.
La densidad es el dato que más se olvida
Un depósito se dimensiona en metros cúbicos, pero el fertilizante no pesa como el agua, y ese descuido sale caro. Como referencia de nuestra propia calculadora de capacidad: 1 m³ de agua pesa 1.000 kg, mientras que 1 m³ de UAN-32 pesa alrededor de 1.320 kg. Traducido a un caso real: un depósito de 50 m³ lleno de UAN-32 apoya sobre el terreno unas 66 toneladas, no 50. Es el mismo volumen, pero un tercio más de peso.
Eso tiene una consecuencia directa sobre la solera. La presión que un líquido ejerce sobre el suelo se calcula como presión (kPa) = densidad × altura × 9,81. A una altura de lámina de 1,6 m, el agua ejerce unos 15,7 kPa y el UAN-32 unos 20,7 kPa. Para poner esas cifras en contexto —solo como referencia educativa—, la huella de un neumático de un tractor cargado ronda los 120–200 kPa: la preparación de la solera importa, pero no por la razón que se suele suponer, sino porque el reparto de carga de un depósito lleno de fertilizante es mayor y más constante que el del agua.
Estas cifras de densidad y presión son nuestras, de las constantes que usa nuestra calculadora (agua 1,00 · purín 1,03 · UAN-32 1,32 t/m³), no estimaciones inventadas. Si quieres verlo sobre tu propio volumen, puedes calcular el volumen y el peso de tu reserva o repasar la guía de capacidades y dimensionado antes de decidir.
Cristalización por frío: dos límites que se confunden
Aquí es donde más gente se equivoca, porque se confunden dos temperaturas que no tienen nada que ver. Por un lado, el tejido aguanta un rango de −30 a +70 °C. Por otro, el fertilizante tiene su propio punto de cristalización, que suele ser más alto que ese límite inferior y que depende de la concentración de la solución. Son dos límites distintos y no intercambiables: el depósito puede estar perfectamente dentro de su rango de servicio y el fertilizante haber cristalizado —«salado»— igualmente dentro de él.
La consecuencia práctica es sencilla. Si tu campaña implica invernar el producto a la intemperie, la temperatura mínima que importa no es la del tejido, sino la de cristalización de tu solución concreta. Y ese es un dato que hay que poner sobre la mesa antes de dimensionar, no después. No publicamos aquí una temperatura de cristalización por producto porque depende de la concentración y del proveedor, y no vamos a dar una cifra que no tengamos verificada: es exactamente el tipo de dato que se confirma con tu ficha técnica.
Suspensiones y sólidos: cuándo deja de ser una decisión de tejido
Con las suspensiones —los NPK en suspensión y, en general, cualquier formulado con partículas sólidas— la pregunta cambia de naturaleza. La compatibilidad química del recubrimiento sigue importando, pero deja de ser lo que manda: lo que manda es que las suspensiones sedimentan. Con el tiempo, las partículas se depositan en el fondo, y a partir de ahí el punto de vaciado del depósito, la posibilidad de agitación y la logística de trasiego pesan más en la decisión que cualquier tabla de compatibilidad.
Conviene no mezclar esto con otro producto que también sedimenta pero es otra cosa: el purín es un efluente orgánico, no un fertilizante formulado, y su almacenamiento responde a criterios propios. Si tu caso es ese, el equipo adecuado es la cisterna flexible para purines, no un depósito pensado para soluciones fertilizantes claras.
Compatibilidad no es lo mismo que duración de almacenamiento
Hay dos preguntas que se parecen y no lo son, y conviene separarlas para no marear el proyecto. Una es qué puedes almacenar: si el tejido admite tu solución, la que responde esta página a partir de la ficha del producto. La otra es cuánto tiempo o cuántos meses de capacidad necesitas tener disponibles, que no depende de la química sino de tu calendario de aplicación y de la normativa de tu comunidad.
Son ejes distintos y se resuelven con datos distintos: la compatibilidad se decide con la ficha técnica; la capacidad, con el calendario. Si lo que tienes que resolver es el segundo, la referencia es cuántos meses de capacidad necesitas, que trata el almacenamiento en el tiempo y no la compatibilidad del material.
Qué no afirmamos
Por transparencia, y porque en compatibilidad química la honestidad es parte del servicio: no publicamos una tabla de compatibilidad química certificada producto comercial a producto comercial, ni una homologación por marca de fertilizante. No la tenemos y no vamos a improvisarla. Lo que hacemos es seleccionar y confirmar el tejido adecuado a partir de la ficha técnica del producto concreto, y esa confirmación la realizamos con el fabricante del tejido, que es quien la sostiene técnicamente.
Conviene decirlo con todas las letras: nosotros somos distribuidor con partner oficial, no fabricantes del tejido. El tejido tiene su fabricante; nuestro trabajo es elegir la gama correcta para tu producto, dimensionar el depósito y darte una respuesta que se pueda defender. Donde no la tengamos, lo que toca es un «consúltenos», no una afirmación de compromiso.
Los cuatro datos que necesitamos para confirmar tu caso
Para pasar de «en general» a una respuesta concreta y vinculante para tu explotación, necesitamos cuatro cosas:
- Nombre comercial y ficha técnica del producto: es el dato que decide la compatibilidad; sin la ficha trabajamos a ciegas.
- Volumen y fracción de campaña: cuánto necesitas almacenar y qué parte de la campaña cubre, para dimensionar el depósito.
- Si se inverna a la intemperie: determina si el punto de cristalización del producto entra en juego.
- Si hay trasiego a remolque o cuba: condiciona el punto de vaciado y el manejo, sobre todo con suspensiones.
Con esos cuatro datos te damos una respuesta cerrada. El equipo de partida es la gama FERTI+ para fertilizante líquido, y si tu contexto es el agrícola general encaja dentro de nuestros depósitos flexibles para explotaciones agrícolas.
Preguntas frecuentes
El UAN-32 es una solución de urea y nitrato amónico al 32 % de nitrógeno, con una densidad orientativa de 1,32 t/m³ y una sensibilidad clara a la cristalización con frío. El NAC es nitrato amónico cálcico en solución, con un perfil de pH y corrosividad distinto que se confirma con su ficha técnica. No son intercambiables a la hora de almacenar: comparten el que sean soluciones nitrogenadas, pero cada uno exige comprobar sus propias propiedades antes de decidir el depósito. Envíanos la ficha del producto concreto y lo confirmamos.
Puede, pero con las suspensiones lo que manda deja de ser la compatibilidad química del tejido y pasa a ser el manejo. Las partículas sedimentan con el tiempo, así que hay que prever el punto de vaciado, la posibilidad de agitación y la logística de trasiego. Es una decisión que depende de tu formulado y de cómo lo vayas a mover, no solo del material del depósito; consúltanos con los datos del producto.
Un metro cúbico de UAN-32 pesa alrededor de 1.320 kg, frente a los 1.000 kg de un metro cúbico de agua. Eso significa que un depósito de 50 m³ lleno de UAN-32 apoya unas 66 toneladas sobre el terreno, no 50. El volumen que necesitas se calcula en m³, pero el peso y la presión sobre la solera se calculan con la densidad real del producto, y por eso conviene tenerla en cuenta al preparar la base de apoyo.
No se puede dar por hecho. Cambiar de solución cambia las propiedades que deciden la compatibilidad —corrosividad, densidad, punto de cristalización y sólidos en suspensión—, así que un depósito válido para un producto puede no serlo para otro. Antes de reutilizarlo con una solución distinta, envíanos la ficha técnica del nuevo producto y lo verificamos; es una comprobación rápida que evita sorpresas.
Basta con la ficha técnica y el nombre comercial del producto, junto con el volumen que necesitas almacenar, si vas a invernar el producto a la intemperie y si habrá trasiego a remolque o cuba. Con esos datos confirmamos el tejido adecuado con el fabricante del tejido y te dimensionamos el depósito. Sin la ficha técnica solo podemos dar orientaciones generales, no una respuesta vinculante.
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